LOS DERECHOS ANIMALES Y EL BIENESTAR ANIMAL, ¿SE OPONEN, SON SINÓNIMOS O NO TIENEN NADA QUE VER?

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LOS DERECHOS ANIMALES Y EL BIENESTAR ANIMAL

Los derechos animales y el bienestar animal, ¿se oponen, son sinónimos o no tienen nada que ver?

Para muchos, estos temas se ligan con las emociones e incluso no pocos les asignan vertientes sociales y políticas, con diputados o senadores tomándolos como bandera, usando conceptos ajenos a toda base científica.

Dr. Leopoldo Estol. Director. Centro de la Ciencia del Bienestar Animal. Buenos Aires, Argentina

Es, en síntesis, cómo manejamos social y profesional e incluso, políticamente, el uso y el abuso de los animales no humanos (que llamaré, simple aunque incorrectamente, animales en esta exposición) por parte de los animales humanos, nuestra propia especie.

Les pido me acompañen, primero, a realizar un viaje a lo largo de la historia de la cultura humana, y de las visiones del mundo en diferentes épocas, para que veamos como ha sido encapsulado en una variedad de raíces metafóricas.

El cómo debemos tratar a los animales y cuál es nuestra relación con ellos ha sido causa de intensos debates durante mucho tiempo entre filósofos y moralistas. Muchas de las ideas sobre llamados derechos de los animales se remontan al mundo antiguo y Pitágoras puede ser considerado como el primer filósofo griego que, documentado, habló sobre el tratamiento ético merecido por los animales. Él enseñaba que deben ser respetados, se oponía a la ingestión de la carne y la matanza de animales en sacrificios (el verdadero sentido de esta palabreja, no el cotidiano de matarlos para comerlos!). El creía que todos los seres eran “parientes” y que después de la muerte las almas transmigraban en otro cuerpo, incluyendo (y no descartando!) una transmigración entre el hombre y animales. Por lo tanto, para él, matar a un animal era equivalente a matar a un ancestro.

Para Empédocles , filósofo griego presocrático, “… la masacre y el comer carne son el más terrible de los pecados, de hecho, una masacre animal es como un asesinato y el consumo de carne es canibalismo” (en Fragmentos: En Purificaciones»).

La civilización griega, por ejemplo, se resume en la filosofía de Aristóteles, que a su vez representa una amalgama entre el sentido común, la percepción ordinaria, y un enfoque funcional, biológico y teleológico a la realidad. Ese mundo real era el de la experiencia ordinaria en la que cada cosa tenía sus funciones, propósitos, y características que ayudaron y también obstaculizaron el desempeño óptimo de sus funciones. A diferencia de la visión moderna, donde la biología es como algo explicable en términos de la física, los griegos vieron a la física como la biología de la materia desnuda. Todos los hechos eran explicables en función de sus propios principios, pero no hay una ciencia que pueda explicarlo todo.

El punto de vista moderno, a su vez, empezando por la comunidad científica desarrollada en la revolución del Renacimiento, vio al mundo precisamente de una manera opuesta. Spinoza desprecia las explicaciones teleológicas y funcionales de las supersticiones; Descartes y Newton ven el mundo como un mecanismo aceitado de relojería, una compleja máquina matemática eficiente, con un ritmo mecánico, sujeto a las leyes de la materia muerta. Nos podemos preguntar ante este escenario si la industrialización o la Revolución Industrial

habrían surgido en un mundo controlado por la perspectiva de los filósofos griegos, solo interesados en comprender a la naturaleza, pero no en controlarla. Recuerdo mi sorpresa cuando antaño conocí que los griegos inventaron la máquina de vapor, pero no le vieron uso alguno, salvo servir como un juguete para los niños.

En la perspectiva moderna, el mundo es una máquina, y los hombres pueden construir máquinas de acuerdo con los mismos principios por los que funciona el mundo, configurándolo según un determinado valor y proyecto.
Otras culturas y pensadores ven el mundo de otras maneras, un campo de batalla entre el bien y el mal con todo desempeñando un papel en la lucha cósmica o lleno de demonios, espíritus y fantasmas (como lo vislumbran los chamanes), con un lenguaje divino para poder leer y aprender sucesivamente. Muchas veces estas visiones son ininteligible s. No me puedo imaginar cómo se sentían los médicos que en una ciudad en el sur de la India intentaron drenar un pantano para erradicar los mosquitos que transmitían la malaria y los ancianos del pueblo se negaron, porque al hacerlo iban a morir los dragones que allí habitaban.

Un concepto central para la mayoría de las religiones es la búsqueda de santidad de la vida para sus seguidores. No pensemos que la preocupación por el sufrimiento de los animales y la adopción de un estilo de vida vegetariano o vegano es una idea moderna. Ya en antiguas escrituras budistas, hindúes y jaimistas se habla de defender la ética de una dieta vegetariana o vegana.

Una creencia importante de las religiones mencionadas -todas originadas en la India- es el ideal de la “no violencia” descripta por un término sánscrito que significa no hacer daño: “Ahimsa”, una regla de conducta que prohíbe la muerte o las lesiones a todo ser vivo, estrechamente relacionado con la idea de que todo tipo de violencia trae consecuencias “kármicas” negativas. Aquellas acciones que resultan en la toma de alguna vida, directa o indirectamente, se consideran una contradicción con esa creencia básica.

“Ahimsa” continúa en la actualidad como una creencia fundamental de religiones como el jainismo y, sin dudarlo, se podría decir que los fieles de cultos basados en la ética de la “ahimsa” fueron los primeros defensores de los derechos de los animales.

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