LA ACIDOSIS SUBCLÍNICA: OTRA ENFERMEDAD INVISIBLE

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LA ACIDOSIS SUBCLÍNICA

 

Juan Vicente González Martín. DVM, PhD, Dipl. ECBHM Profesor Titular Dpto. de Medicina y Cirugía Animal, Facultad de Veterinaria, UCM TRIALVET Asesoría e Investigación Veterinaria SL (Web: www.trialvet.com/ E-mail: trialvet@gmail.com

 

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Sí, habéis leído bien el título, “La acidosis subclínica: otra enfermedad invisible”. Y digo “invisible” y “otra” porque los que ya tenemos una edad hemos conocido muchas enfermedades invisibles, cajones de sastre que tantas veces se han usado y se usan para salir de algún apuro.

Hay enfermedades que son perfectamente visibles, una vaca a la que “se le ha salido la madre”, lo que hablando técnicamente es un prolapso de útero. Un prolapso uterino es algo espectacular, todos los ganaderos y veterinarios lo identificamos sin problema. Además, la resolución del prolapso no sólo se hace en presencia del ganadero, sino que suele ser necesaria su ayuda y la de alguna persona más. El resultado del acto clínico puede evaluarlo cualquiera, tanto a corto plazo, veremos si se es capaz de reintroducir la matriz y si la vaca vive, como a largo plazo, si posteriormente vuelve a ser productiva y a quedar preñada.

Y por otro lado, ¡ay de las enfermedades invisibles! ¡Ay de los diagnósticos hechos por teléfono, sin conocer la explotación y con análisis dudosos o incluso sin ellos!

Las enfermedades invisibles se pueden clasifican en dos tipos, las que tienen nombre y las que no. Estas últimas son las que cuando aparecen suelen llevarnos a escuchar frases como: “No te preocupes, ésto que te pasa a ti le está pasando a todo el mundo por aquí” o “Me han dicho que no me preocupe, está todo el mundo igual” ¡Y tiene la mitad de las vacas cojas ó 500.000 células somáticas en tanque! Al respecto no voy a comentar más, ya lo dice el refrán: “Mal de muchos, consuelo de tontos”.

Mucho más interesantes son las enfermedades invisibles con nombre: deficiencias minerales, parasitosis internas, virus como el IBR o el BVD o la acidosis subclínica. Estas son algunas de esas supuestas enfermedades a las que se les achacan los problemas más diversos de la granja, y también hay que decir, muchas veces los más comunes: infertilidad, mastitis, cojeras, baja producción, etc.

¿Quiere decir esto que las enfermedades anteriores no existen? Nada más lejos de la realidad, existen. Pero no podemos achacar una delgadez extrema en nuestras vacas a una parasitosis, como por ejemplo la producida por fasciola, si nuestras vacas nunca salen del establo, nunca pastan y, como todo el mundo sabe, solamente pastando pueden infectarse. Si no pastan, si no están parasitadas, ¿para qué desparasitarlas? ¿Acaso nos desparasitamos nosotros rutinariamente? Sin duda la delgadez se deberá muy probablemente a un problema de nutrición y esto es lo que habría que estudiar.

¿Y quiénes hacen estos diagnósticos imposibles? Pues normalmente, gente con diversos intereses, que no son veterinarios especializados en medicina bovina y que por tanto no realizan un estudio adecuado del caso para llegar a un diagnóstico correcto.

Vamos a retomar nuestra enfermedad, la acidosis ruminal, para lo que primeramente haremos un pequeño recuerdo de qué comen y cómo hacen la digestión los rumiantes.

Los humanos, como el resto de los animales, solamente podemos obtener nuestras proteínas, azucares y grasas a partir de proteínas, azucares y grasas ya formadas ¿Y quién las forma? Pues las plantas y las bacterias, partiendo de distintas fuentes de nitrógeno no proteico (amoniaco, urea, etc.), carbono, hidrógeno y oxígeno inorgánico. Sin embargo, ni siquiera todos los hidratos de carbono de las plantas son digestibles, es más, la mayoría se encuentran en las paredes celulares y no se pueden asimilar. Las dietas vegetarianas no son capaces de cubrir por completo las necesidades nutricionales de los humanos, no nos alimentan. Sólo los rumiantes son capaces de alimentarse de ellas y lo hacen gracias a que poseen la panza o rumen. Allí es donde viven una infinidad de bacterias, protozoos y levaduras, que son los que realmente digieren las paredes y otros azúcares de las plantas y los transforman fundamentalmente en los famosos ácidos grasos volátiles (AGV). Y aquí sí que aparece un mecanismo propio del metabolismo de los rumiantes que no tenemos otros mamíferos. Así como nuestra fuente principal de energía son los azúcares: sacarosa, almidones, etc, en la vaca lo son los AGV. Así como nosotros absorbemos los azúcares a través del intestino, las vacas absorben los AGV a través de la pared del rumen (y además, también pueden absorber los azúcares a través del intestino). El rumen esta tapizado en su interior por unas vellosidades muy grandes, en forma de lengua, que aumentan mucho su superficie de absorción. Es por medio de ellas, por donde los AGV pasan a la sangre y de allí al hígado, dónde son transformadas nuevamente en azúcares y grasas para que puedan ser utilizados por su organismo, de la misma manera que lo hace el nuestro. Bueno de la misma no, ¡ellas además los utilizan para hacer la leche que nosotros nos bebemos!

Todos sabemos que una vaca debe comer mucho para producir mucha leche. Cuanto más come una vaca, más AGV produce. Estos ácidos no son muy fuertes, pero deben ser absorbidos con prontitud para evitar que se acumulen y descienda el pH del interior rumen. Las papilas ruminales, que como hemos visto antes son las que se encargan de absorberlos, no siempre están desarrolladas. Si la vaca come poca cantidad o alimentos que producen pocos AGV (como sucede cuando están secas) las papilas estarán poco desarrolladas. ¿Para qué se van a desarrollar si no son necesarias? Ahora bien, si después del parto damos de repente mucho de comer a nuestras vacas , estas papilas no tendrán tiempo de desarrollarse adecuadamente (necesitan de diez a quince días para adaptarse) y los AGV se acumularán haciendo que el pH del rumen baje. Esto les producirá acidez ruminal. Para que el rumen y sus bacterias funcionen de manera óptima el pH debe estar entre 6 y 7.

Este pH se mantiene comiendo o dejando de comer y sobre todo por medio de la rumia. Las vacas al rumiar producen con la saliva una cantidad enorme de bicarbonato que les servirá para contrarrestar la acidez y mantener el pH constante. Cabe recordar que las vacas sólo rumian si en la ración tienen suficiente fibra larga (fibra efectiva) y de aquí la importancia de este componente en la ración de los rumiantes.

Pero si ninguno de los mecanismos de control del pH funcionan adecuadamente, fundamentalmente debido a errores de manejo y alimentación (tendremos un exceso de alimentos que producirán muchos AGV, o bien, falta de fibra que dé lugar a suficiente saliva para aportar el bicarbonato necesario). Consecuentemente, el pH del rumen descenderá hasta valores de 5,5 o incluso menores. Esto puede suceder de manera puntual o de manera crónica, si los errores de manejo son constantes, dando lugar a la Acidosis Ruminal bien subclínica, bien crónica.

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El adjetivo subclínico quiere decir que no llega a producir síntomas clínicos.¡Vamos, que no se puede ver! Pero en realidad sí que pasan muchas cosas que de manera indirecta se pueden detectar. Lo primero que hará la vaca, al igual que nosotros cuando tenemos acidez de estómago, es dejar de comer. De esta manera dejan de producirse más AGV y las cosas vuelven por sí solas a la normalidad. Se tratará entonces de una indigestión simple que no necesita tratamiento alguno. Si esto sucede de manera puntual y en una sola vaca, no pasará nada. Pero si sucede de manera continuada y en todo el rebaño, el problema puede ser gravísimo. Al tener a las vacas con indigestiones de manera continua y no alimentarse adecuadamente, su producción láctea disminuirá en cantidad y también en calidad, dando lugar a niveles muy bajos de grasa (pudiendo en casos extremos llegar a ocurrir que en la leche que producen estas vacas contenga un porcentaje superior de proteína que de grasa). Por otro lado, poco a poco irán perdiendo peso, pues la leche se producirá en mayor medida a expensas de sus reservas grasas y musculares que a partir del alimento que ingieren.

En las vacas con menos de tres meses de paridas esta pérdida de peso originará un balance energético negativo. Consecuentemente, la movilización y metabolismo de sus reservas grasas dará lugar a acetonemia (que veremos en forma de cuerpos cetónicos en la orina), que es en sí misma ya es otra enfermedad.

Todos hemos oído decir que el cerebro es el órgano que más energía consume. Yo no lo dudo. Pero lo que la gente no suele saber es que el segundo órgano que más energía consume es el sistema inmunitario. El sistema inmune trabaja continuamente de una manera frenética identificando y eliminando todos los elementos nocivos, propios y extraños, que aparecen en el organismo. Este trabajo consume muchísima energía. Y si falta la energía, como sucede en nuestras vacas con acidosis subclínica, el sistema inmune falla, y nos encontramos ante la temida inmunosupresión.

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