VACAS SUCIAS, EL PROBLEMA DE LA ENDOMETRITIS

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EL PROBLEMA DE LA ENDOMETRITIS

Probablemente somos muchos los que pensamos que el mayor hito en la ganadería lechera ha sido la inseminación artificial. Gracias a ella el avance genético de las vacas, especialmente la raza frisona, ha sido espectacular. Pero la inseminación artificial no solo influyó en la genética de las vacas, también transformó la medicina veterinaria y con ella los sistemas de producción llegando a la actual ganadería de precisión.

Juan Vicente González Martín. DVM, PhD, Dipl. ECBHM. Profesor Titular Dpto. de Medicina y Cirugía Animal, Facultad de Veterinaria, UCM TRIALVET Asesoría e Investigación Veterinaria SL. (www.trialvet.com / e-mail: trialvet@trialvet.com)

Antes de la inseminación artificial los veterinarios eran requeridos, de manera esporádica, para atender vacas con problemas –un clásico eran los partos distócicos– o bien para realizar campañas profilácticas vacunales. Pero con la inseminación los veterinarios comenzaron a visitar las granjas de manera rutinaria por razones obvias. Y aunque la fertilidad de las vacas es alta, muy pronto se dieron cuenta de que había vacas que presentaban exudados vaginales anormales que no quedaban gestantes.

No poseo derechos sobre esta imagen la comparto por propósitos educacionales o de referencia

Rápidamente se intentó buscar solución a ese problema. Como se comprobó que ese exudado anormal era purulento y de origen infeccioso, lo primero que se pensó fue en tratarlo con antibióticos y antisépticos. La rutina de la inseminación consistía en acudir a un aviso de vaca en celo, realizar una exploración vaginal en la que se extraía con un guante moco del fondo vaginal y comprobar si era transparente o estaba “sucio”, esto es, si tenía más o menos pus, pudiendo llegar en casos extremos a ser completamente purulento. Si la vaca estaba “sucia”, en vez de inseminarla, se le aplicaba un tratamiento intrauterino. Ese tratamiento tenía que ser líquido ya que se aplicaba con una jeringa unida a un catéter rígido que se introducía en el útero a través del cérvix, de la misma manera que se hacía con el semen congelado. A ese tratamiento de la vaca sucia se denominaba coloquialmente “lavar la vaca”. Una vez aplicado el tratamiento se esperaba al siguiente celo para ver si la vaca ya estaba “limpia” y si era así, se inseminaba. Al poco tiempo se empezó a pensar que si se diagnosticaban las vacas sucias antes de la inseminación y se trataban tempranamente, se ganaría tiempo. Para ello, empezaron a revisarse las vacas después del parto con un espéculo vaginal, básicamente un tubo, que tras introducirlo en la vagina de la vaca se observaba el fondo de ésta con una linterna. Si en el fondo de la vagina se observaba la presencia de pus se procedía a “lavar” la vaca.

Para ver si los tratamientos funcionaban había que llevar registro de ellos y de las inseminaciones posteriores, comprobando después si habían quedado preñadas. Con todo ello comenzaron los programas de control de la reproducción. Ya no se iba a la granja cuando te llamaban para una vaca enferma o para inseminarla, ahora se iba de manera regular para llevar el control reproductivo. Y de igual manera se empezó a controlar la alimentación, las cojeras, la mastitis, etc. Se había pasado de la medicina individual a la medicina del rebaño, denominada más tarde medicina de la producción.

Todos esos controles generaban una gran cantidad de datos que hicieron imprescindible el uso de ordenadores para analizarlos.

Era el Big Data de la ganadería lechera. Con el tiempo hubo veterinarios que trabajaban casi exclusivamente en la oficina de la granja, abandonándose en alguna medida la atención clínica de la vaca.

Ahora, con las nuevas tecnologías, podemos recoger de manera automatizada los datos individuales de cada vaca y así, sin abandonar la medicina de la producción, volver a prestar atención a la vaca individual; es la novísima ganadería de precisión, conocida internacionalmente como Precision Livestock Farming, o por sus siglas en inglés PLF. Y todo ello empezó con la inseminación artificial y las vacas sucias a mediados del siglo XX. Pero llegando ya al fin del primer cuarto del siglo XXI resulta que hemos avanzado muy poco con el problema de las vacas sucias.

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