EMPLEO DE PROBIÓTICOS EN LOS ANIMALES

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PROBIÓTICOS EN LOS ANIMALES

INTRODUCCIÓN

En la producción animal se persigue siempre conseguir una buena situación sanitaria y un buen rendimiento en carne para obtener resultados económicos rentables. Se sabe que hay una relación directa entre el funcionamiento del tracto intestinal y la tasa de crecimiento, índice de conversión y diversas enfermedades. Para evitar las enfermedades, se somete a los animales a tratamientos de antibióticos o quimio- terapéuticos, capaces de eliminar no solo a los elementos patógenos sino también a la flora bacteriana necesaria para el buen funcionamiento del aparato digestivo (Lozano J.A., 2002).

MsC. Marlin García Sorrondegui; MsC. Yamiley López de Varona; Ing. Ángela Carcassés Vera

La solución más adecuada para asegurar el rendimiento de la alimentación, con la consecuente ganancia de peso y aumento de la inmunología natural del animal, es la prevención de las variaciones de la flora, asegurando la presencia de un número suficiente de bacterias beneficiosas capaces de dominar el medio e inhibir el desarrollo de los patógenos (Carcelén. F. et al, 2005). Fue con un trabajo de Metchnikoff datado en 1908, cuando se relataron las facetas benefactoras de los lactobacilos, para posteriormente, en 1974, proponer el término de «probióticos» en contraposición al de antibióticos, ya que la primera acepción hace referencia a los efectos favorables de la vida (García, 1997).

En los últimos años, el uso de probióticos en la profilaxis y terapia de enfermedades gastrointestinales ha sido objeto de gran interés y de controversia científica. Hoy en día se reconoce la importancia y posible eficacia de la terapia biótica (probióticos y prebióticos) como herramienta médica en el tratamiento de enfermedades digestivas (Nava et al., 2004).Por todo lo antes expuesto es objetivo de este trabajo obtener un estudio del empleo de los probióticos en animales, principalmente para los rumiantes y cerdos.

DESARROLLO

Muchas especies diferentes de bacterias actúan de forma conjunta en el intestino para mantener su funcionamiento normal. Sin embargo, factores como el estrés o un tratamiento con antibióticos pueden alterar el equilibrio bacteriano natural produciendo una disminución del número de organismos beneficiosos, como los lactobacilos y las bifidobacterias, con respecto al de bacterias nocivas.

Esta alteración hace que el organismo sea más vulnerable a las infecciones de origen alimentario como las causadas por Salmonella, E. coli y Listeria entre otras, y puede predisponer a padecer trastornos intestinales, aquí es donde los probióticos pueden intervenir.

Los probióticos no deben confundirse con los prebióticos. Los prebióticos son azúcares complejos (tales como la lactulosa, lactitol, una variedad de fructo-oligosacáridos y la inulina) los cuales son utilizados como combustible por las bacterias saludables para estimular su crecimiento y actividad, a la vez que frenan el crecimiento y actividad de organismos dañinos.

QUÉ SON LOS PROBIÓTICOS

Los probióticos son microorganismos vivos (amistosos o beneficiosos) en una preparación o producto definidos viables (como las bacterias lácticas y las bifidobacterias) en diferentes formas, los cuales contienen cultivos de productos de su metabolismo que si se consumen regularmente en cantidades suficientes, pueden modificar el equilibrio bacteriano en el intestino, la microflora de la cavidad oral, vagina y piel (por implantación o colonización) en un compartimiento del huésped y tienen efectos beneficiosos para la salud, disminuyen en algunos casos la presencia de bacterias patógenas, estos pueden añadirse a los alimentos, la composición es a base de bacterias Gram (+) y (-), levaduras u hongos, como yogures y otros productos lácteos fermentados, o tomarse como suplementos (García, 1997; María A. Brizuela; Lourdes Bueno, et al., 2001; Castro, 2002; Lozano, 2002; Campo, 2004).

Los nombres de las cepas de bacterias usadas con mayor frecuencia para ello son Lactobacillus, Lactococcus y Bifidobacterium (Drisko J.A. et al, 2003).

CRITERIO PARA UN PROBIÓTICO

Un probiótico debe reunir las siguientes características:

  1. Las cepas utilizadas en los probióticos deben tener una historia de no ser patógenas, especialmente para personas con inmunocompromiso, no ir asociadas con enfermedades como endocarditis infecciosa y/o trastornos gastrointestinales.
  2. No ser sensible a las enzimas proteolíticas.
  3. Ser capaces de sobrevivir el tránsito gástrico.
  4. Deben ser estables frente a ácidos y bilis, y no conjugarse con las sales biliares. •Tener capacidad para adherirse a las superficies epiteliales.
  5. Sobrevivir en el ecosistema intestinal.
  6. Ser capaces de producir componentes antimicrobianos.
  7. Deben permanecer vivas y estables durante su empleo.
  8. Deben tener un mecanismo específico de adhesión al intestino humano.
  9. Deben ser capaces de un crecimiento rápido en las condiciones del ciego.
  10. Deben ser capaces de inmunoestimulación pero sin efectos proinflamatorios. Los probióticos pueden también funcionar sintetizando ciertos compuestos o produciendo subproductos metabólicos que pueden tener una acción protectora o inducir efectos positivos (Pino A, Dihigo L. E. 2007).

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