FISIOLOGIA DEL DOLOR Y EL BIENESTAR EN ANIMALES DE GRANJA

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FISIOLOGIA DEL DOLOR Y EL BIENESTAR EN ANIMALES DE GRANJA

INTRODUCCIÓN

Durante los últimos años, la atención prestada hacia la posibilidad de que los animales de producción puedan percibir dolor ha aumentado mundialmente, principalmente por el incremento gradual en la sensibilidad de los consumidores hacia el bienestar de los animales[1]. El bienestar animal es una ciencia que considera el estado de un individuo en relación a los cambios en su ambiente[2], es un término científico muy amplio que abarca tanto el bienestar físico como, el bienestar mental de los animales[3]. El dolor, por lo tanto, es considerado una fuente de estrés de origen físico que puede alterar el bienestar de los animales[4,5].

M.C. Luis Alberto de la Cruz Cruz. luis_delacruz@my.uvm.edu.mx Dr. Cristian Larrondo-cornejo. Dra. Patricia Roldan-santiago. Dra. Ariadna Yáñez-pizaña. M. en C. José Armando Sánchez-salcedo

Las definiciones de dolor en los animales, han planteado que existen dos criterios clave que los animales deben cumplir para ser considerados capaces de experimentar dolor; el primero es que los animales deben contar con un sistema neural que les permita percibir estímulos dañinos (receptores que detectan estímulos nocivos internos o externos y diversas conexiones a nivel cerebro) con respuestas que incluyen comportamientos protectores y evitación; el segundo criterio es, que la experiencia del dolor tiene como respuesta que el animal relacione las futuras decisiones de comportamiento sobre este evento negativo, de tal manera que el conjunto de factores internos que modifican la respuesta del animal a los estímulos externos (motivación) resulte en un cambio conductual a largo plazo[6]. Por lo tanto, el dolor ha sido definido como “una experiencia sensorial negativa causada por una lesión tisular real o potencial que provoca acciones motoras protectoras y vegetativas que resultan en un comportamiento aprendido de evasión, lo cual puede llegar a modificar comportamientos específicos de la especie, incluyendo las conductas de mantenimiento”[7].

Un animal experimentará dolor solo si la información que recibe desde los nociceptores se procesa a nivel cerebral y si esta información se asocia con una emoción negativa[8,9]. Por lo anterior, es importante tener en cuenta que de manera rutinaria en las unidades de producción, los animales domésticos son sometidos a diversos procedimientos que pueden generar dolor tanto de manera aguda como crónica, por ejemplo: castración, descorne, marcaje, corte de colmillos, corte de cola, vacunación, identificación, tratamientos inadecuados de lesiones o enfermedades, traumatismos post transporte y errores en el aturdimiento previo a la muerte[9–11]. Así, en respuesta a los diversos estímulos dolorosos los animales pueden presentar desajustes o alteraciones bioquímicas, fisiológicas y conductuales, conllevando a un proceso de aprendizaje que derivará en la evitación de tales estímulos en un futuro[1].

De esta manera, el grado y severidad de los diferentes desajustes en respuesta a cualquier estímulo relacionado con la percepción de dolor podrían estar relacionados con diferentes problemas de bienestar a corto y largo plazo en los animales de granja. Por lo tanto, el objetivo del presente artículo fue revisar los principales mecanismos fisiológicos involucrados en la percepción del dolor, así como, discutir las diferentes prácticas que se desarrollan de manera rutinaria en las unidades de producción, describiendo algunas posibles alternativas para sustituir o atenúar el dolor asociado a estos manejos rutinarios, haciendo énfasis en diferentes indicadores que podrían implementarse para evaluar el dolor en los animales domésticos.

FISIOPATOLOGÍA DEL DOLOR

Para comprender la importancia del dolor en el bienestar animal es necesario describir el proceso fisiopatológico de transmisión del dolor, para ello, debemos saber que el dolor comprende los procesos de transducción, conducción, transmisión, modulación, percepción y modulación[12–16] (Figura 1).

Cada uno de estos procesos involucran diferentes características, en el caso de la transducción se incluye la conversión de los estímulos mecánicos (golpes, incisiones, pinchazos), térmicos (quemaduras, congelación) o químicos (inyecciones de productos, secreciones de ácido en el tracto gastrointestinal) en actividad eléctrica, gracias a un proceso denominado codificación neuronal[14,17]. Los receptores responsables de la recepción de los estímulos externos también juegan un papel importante en la conducción del estímulo hacia la médula espinal, estos receptores pueden clasificarse en: receptores Aδ (A delta) los cuáles son de diámetro medio, están mielinizados (envoltura encontrada en los nervios que mejora la conducción del estímulo nervioso) y participan de forma inicial en el dolor “primario” caracterizado por ser agudo, rápido y bien localizado. Mientras que la segunda clase de nociceptores incluyen a las fibras C, las cuales carecen de mielina, son de diámetro pequeño y son responsables del dolor «secundario» o lento[13,18].

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