IMPACTO DEL ESTRÉS CALÓRICO EN LAS CRIANZAS

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ESTRÉS CALÓRICO EN LAS CRIANZAS

¿Qué es el estrés calórico?

Las becerras y vaquillas sufren estrés calórico cuando la temperatura ambiente es superior al rango de confort térmico del animal, se han establecido unos puntos críticos en donde las temperaturas ambientales provocan reacciones fisiológicas de actividad metabólica en los bovinos. El primer punto crítico se ha denominado termo-neutralidad que corresponde a la temperatura ambiental de 18oC en la cual el calor corporal está en equilibrio. El segundo punto crítico es el rango de temperatura ambiental entre los 6oC y los 21oC denominado zona de confort o comodidad térmica, entendida ésta como la zona en la cual la vaca obtiene por los mecanismos termorreguladores normales, el ajuste de la temperatura interna sin gasto alguno de energía adicional. Otros definen el inicio del estrés calórico cuando se incrementa la temperatura corporal rectal en 0.5 oC o cuando la humedad relativa excede el 75% y la temperatura ambiente los 25 oC. Raramente se hacen consideraciones para moderar el estrés por calor en el ganado joven. Sin embargo, hay abundante evidencia que demuestra la influencia que tienen los primeros meses de la vida de una becerra sobre el crecimiento, el desarrollo y el potencial de producción de leche. La becerra o vaquilla que se encuentra por fuera de la zona de confort, empieza a presentar dificultades para mantener la temperatura corporal, viéndose obligada a invertir energía adicional para iniciar los mecanismos de termorregulación, sacrificando su utilización en crecimiento y reproducción. El estrés por calor se asocia típicamente con las regiones áridas y semiáridas sobre todo en lechería tecnificada, aunque afecta prácticamente en todo el país en determinadas épocas del verano.

Arturo Sánchez Mejorada , AMVEB Laguna

¿Cómo se controla fisiológicamente?

Las becerras y vaquillas sujetas al estrés calórico cuentan con varios mecanismos para mitigar sus efectos. Cuando el animal requiere disipar el calor emplea dos tipos de mecanismos: la transmisión que es responsable del 75% del calor disipado por el bovino utilizando los sistemas de radiación, conducción y convección, y la vaporización que es responsable del restante 25% del calor disipado utilizando los sistemas de transpiración o sudoración y de expiración o jadeo. A medida que el calor ambiental se aproxima a la temperatura corporal (37,5-39,5oC) los mecanismos de disipación de calor no evaporativos (radiación, conducción y convección) pierden efectividad y se reduce a la evaporación como única y principal forma de disipar el calor generado por la vaca. Según datos a 32 °C de temperatura ambiente, el 90% del enfriamiento del tipo evaporativo se logra por éstos mecanismos, 75% de la pérdida de calor por evaporación se logra con la sudoración y por lo tanto el otro 25% se logra con el aumento de la frecuencia respiratoria. La sudoración aumenta el consumo de agua y la orina producida, incrementa el flujo de sangre hacia la piel y disminuye hacia los órganos internos. Como consecuencia disminuye el trabajo digestivo y la absorción de nutrientes. Otro efecto es que hay menor flujo sanguíneo hacia la ubre y hacia los órganos reproductivos. El impacto neto es una reducción en el consumo de materia seca que como mencionamos, en becerras y vaquillas afecta el crecimiento y la reproducción y en vacas además afecta directamente la producción de leche.

¿Qué pasa con las becerras?

En la Comarca Lagunera uno de los efectos típicos es el sobrecalentamiento en jaulas en becerras no destetadas, donde pueden llegar a ser como pequeños hornos cuando impacta la luz solar directa durante el tiempo de calor ya sea la jaula tradicional de madera con techo de lámina o a últimas fechas las becerreras de polipropileno cerradas (que no son muy comunes en la Comarca Lagunera) y para muchas becerras nacidas en época primavera – verano, es su única fuente de sombra. Las becerras tratan de compensar el aumento de las temperaturas, elevando la respiración y la ingesta de agua. Los resultados a menudo son una caída en el consumo de alimento en materia seca (CMS), ganancia diaria de peso, la puntuación fecal (calidad) y eficiencia alimenticia. El sistema inmune, también, puede verse comprometido. La deshidratación puede ocurrir, y la función renal está alterada. Si los factores no se corrigen, puede resultar en un aumento de la mortalidad. Entonces ¿Qué tan importante es la sombra? La sombra suplementaria reduce la temperatura en la sección de crianza y por ende en el interior de jaulas, así como la temperatura rectal de las terneras. Hay evidencia de un diferencial de más de 10oC en la temperatura del piso entre el área con sol y con sombra, tomada con termómetros de punto laser. En verano la lámina del techo de la becerrera puede llegar a 57°C y la arena del piso a más de 60°C, entre las 3 y 5 horas de la tarde, este calor se sigue radiando durante el transcurso de la noche, sometiendo al animal a un estrés constante. En varios estudios, las temperaturas de las jaulas cayeron con la aplicación de sombra adicional, se redujo la temperatura ambiente en toda la zona sombreada, y cuando el estrés de calor fue mayor, por la noche las becerras en sombra tuvieron temperaturas inferiores de la piel, rectales y en sus tasas de frecuencia respiratoria. Es claro que la sombra suplementaria disminuye la severidad del estrés térmico sufrido por las becerras alojadas en jaulas en el verano, una solución sencilla, práctica y representa una inversión que se amortiza rápidamente.

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