IMPACTO ECONÓMICO DE LA RECRÍA DE TERNERAS SOBRE EL NEGOCIO LECHERO

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LA RECRÍA DE TERNERAS SOBRE EL NEGOCIO LECHERO

La política de reposición tiene un elevado impacto sobre la viabilidad económica de las ganaderías lecheras. Su efecto determina el coste total de la actividad, la eficiencia de la inversión en la recría de terneras y los propios flujos financieros.

Arnau Álvarez y Javier Heras Veterinarios. Socios de Vether Girona SL http://dairyveterinarians.com

Las mejores explotaciones de leche son conscientes desde hace muchos años del impacto de la recría sobre la viabilidad económica de su negocio. Por eso, desarrollaron políticas y manejos encaminados a optimizar el coste de producción y la eficiencia de la inversión, y, a la vez, bus- caron alternativas para que no supusiera un freno a otras inversiones destinadas a la expansión de la granja.

COSTE DE PRODUCCIÓN

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La percepción del ganadero respecto del coste de producción de sus terneras puede, en muchos casos, estar sesgada. En un estudio holandés del año 2015 encontraron que aunque calcularon un coste medio de producción de 1.790 € por animal, los ganaderos pensaban que su coste era inferior, concreta- mente de entre 750 y 1.600 € (1.030 € de media) [Mohd Nor et al., 2015].

Más allá de la percepción está el efecto del momento. Investigadores de la Universidad de Wisconsin, mediante el modelo de análisis ICPA (Intuitive Cost of Production Analysis), publicaron datos del coste de producción de terneras y su evolución durante los últimos quince años. El coste de produc- ción de una ternera había escalado de los 1.360 $ del año 1999 hasta los 2.510 $ del año 2015 (Akins et al., 2016).

También en el año 2015, nuestro equipo midió el coste de producción de terneras en ganaderías de tamaño pequeño y mediano del noreste de España. Las granjas del estudio produjeron novillas entre 1.609 y 2.163 € (Álvarez, Cabrera & Heras, 2016), confirmando la elevada variabilidad en cuanto al coste de la recría entre granjas. En cuanto a la ana- lítica del coste, se define una serie de componentes principales:

Alimentación.

Aunque su valor difiere ampliamente entre granjas y a lo largo del tiempo, es el coste principal. Sus diferencias son debidas al valor de mercado, a las estrategias de manejo, a la optimización de la ración, a la gestión de compras, a la conservación de los alimentos, etc.

En 2015, el coste de alimentación estaba alrededor de 1,21 €/ternera al día, o el 65 % del coste total (entre 55 % y 69 %) de nuestras ganaderías (Álvarez, Cabrera & Heras, 2016). El mismo año, en Wisconsin, diferenciaron entre terneras lactantes y mayores, siendo la proporción del 43 % al 54 %, respectivamente. Además, los mismos investigadores compararon los resultados del año 2013, cuando el coste por animal y día fue de 1,71 $ (55 % del coste), con los de 2015, cuando el coste fue de 1,37 $ ternera/día (49 % del coste) [Akins et al., 2016]. En la misma línea, investigadores de Penn State obtuvieron resultados parecidos el año 2013, cuando el coste medio de un conjunto de 44 gran- jas fue de 1,73 $/día (1.319 $ en total; 73 % del coste), aunque en aquellas granjas más eficientes el coste se situó en 1,57 $/día (1.137,4 $ en total; 63 % del coste) [Heinrichs et al., 2013].

Valor de la ternera recién nacida.

Está determinado principalmente por el mercado de terneras de reposición, condicionado a su vez por el mercado lácteo, lo que explica su elevada variabilidad. Aun así, también puede aproximarse calculando el coste de oportunidad de inseminar con semen de carne (y su diferencia de valor con el semen de leche) y vender machos y hembras vs. inseminar con leche y vender machos y conservar hembras. A modo de ejemplo, en Wisconsin el valor pasó de 150 $ en 2013 a 400 $ en 2015 (Akins et al., 2016).

Mano de obra. En explotaciones pequeñas es importante tener en cuenta la mano de obra familiar, ya que en muchos casos su omisión le hace percibir un coste menor al produc- tor. La condicionan factores como la productividad por tra- bajador (número de terneras/trabajador), el coste de la mano de obra, la cercanía del centro de recría a otras actividades de la explotación, la intensidad y presión del manejo, etc.

Otros costes variables. Son aquellos derivados principal- mente del manejo, como la reproducción, la sanidad, las bajas, la cama, etc.Costes fijos. Variable en función del nivel de inversión. Se componen, además de las amortizaciones, de reparaciones, suministros, alquileres, etc. Coste de capital. Variable en función del mercado de capi- tales y los tipos de interés. En nuestras granjas estudiadas durante el año 2015 se situó entre el 1 % y el 3 % (Álvarez, Cabrera & Heras, 2016).

EFICIENCIA DE LA INVERSIÓN

La valoración de la política y el manejo de la reposición no se puede llevar a cabo teniendo en cuenta únicamente el coste de producción, sino que es necesario medir la eficien- cia de la inversión. Las ganaderías más eficientes recriando terneras son aquellas con los costes de producción más ba- jos, pero también lo son aquellas con costes más altos si la edad al parto es reducida y la producción de los primeros partos es alta comparada con las vacas con más lactaciones (Heinrichs et al., 2013).

Como vimos, la edad al parto es determinante de la eficien- cia. Esto es así porque se consigue balancear el coste de pro- ducción con la productividad posterior y, por tanto, el retorno. Se validó, por ejemplo, que terneras con partos posteriores a los 22-24 meses de edad penalizaban su producción con respecto de aquellas con los partos dentro del rango, y que esto además estaba condicionado por el manejo de la granja (productividad, número de ordeños) [Curran et al., 2013].

En cuanto a la inversión principal, la alimentación, hay que tener en cuenta que en las fases iniciales del desarrollo de las terneras la eficiencia es superior, descendiendo de niveles del 50 % en fase de lactantes al 8 % antes del parto (Bach & Ahedo, 2008). Por tanto, a menor edad del animal, mayor es el retorno de esta inversión. De ahí la necesidad de definir una estrategia de alimentación clara y con objetivos medibles con base en el uso de lactorreemplazante (LR) o leche y el concentrado de las primeras edades.

El coste individual es un coste orientador, pero el elemento que realmente condiciona el retorno de la recría es el coste total de la reposición que figura como input de la operación. Este coste total no solo se puede modificar corrigiendo la imputación de costes sobre cada individuo, sino que también está determinado por las necesidades de terneras que tiene la ganadería. Estas necesidades, a su vez, dependen de factores como la tasa de eliminación de las vacas, la tasa de elimina- ción de las novillas y la edad al parto. A mayores tasas de eliminación y edad al parto, mayores son las necesidades de terneras y más elevado será el coste total de la reposición.

A modo de ejemplo, una explotación con un coste por ter- nera de 2.163 € tuvo un coste de 44,7 €/tonelada de leche vendida, mientras que otra con un coste por ternera de 1.657 € tuvo un coste de 45,6 €/tonelada. Esto fue debido a que la primera explotación obtuvo mejor productividad y mayo- res ingresos por leche (9,74 vs. 8,47 €/vaca y día, aunque el precio era inferior) y que requirió menos reposición (26 % de eliminación frente al 33 % de la otra granja) [Álvarez, Cabrera & Heras, 2016].

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