LIDIANDO CON LAS VACAS CAÍDAS

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LAS VACAS CAÍDAS

Estos cuadros, que pueden desencadenarse por diversos factores, son una de las causas que más pérdidas de animales generan en las lecherías.

Una de las frustraciones más grandes que debe enfrentar un productor lechero, su personal y asesores veterinarios es ver cómo una vaca considerada “normal” se transforma en una “caída”, es decir, que no se puede levantar o mantenerse de pie por sí misma.

De hecho, esta es una de las causas más comunes de pérdidas de animales dentro de una lechería y una de las que más aporta al aumento de la tasa de eliminación, sobre todo en los primeros meses de la lactancia.
En este artículo vamos a analizar las causas que más se asocian al desarrollo de vacas caídas, las posibles estrategias de tratamiento y, sobre todo, cómo prevenir este problema.

Dr. Pedro Meléndez

Las causas

Las causas que predisponen o se asocian a la aparición de vacas caídas en los rebaños lecheros se relacionan con factores del animal, el medio ambiente y el manejo del rebaño.

1-Factores del animal:

Dentro de estos podemos mencionar las llamadas diferencias raciales, las cuales se asocian a la presencia de enfermedades que significan que el animal permanezca echado por más tiempo.
Un ejemplo de ello es lo que ocurre con la raza Jersey, la que es mucho más susceptible a desarrollar cuadros de fiebre de leche (hipocalcemia clínica) que otras como Holstein. Por lo tanto, aquellos ganaderos que basan su sistema productivo en esta raza, deben estar preparados para manejar y establecer estrategias preventivas de la fiebre de leche, lo que a su vez les permitirá evitar tener vacas caídas.

Otro factor a considerar es la edad del animal. Así, por ejemplo, se entiende que las vacas de mayor edad alcanzan una mayor producción y, por ende, son más susceptibles a desarrollar fiebre de leche o hipomagnesemia, independiente de la raza. También son de mayor tamaño y, por ende, tienen más dificultades para lidiar con su peso corporal cuando caminan o se levantan. Además, son vacas con ubres de mayor tamaño y descolgadas, lo que también las complica al caminar. Esto a veces determina que tiendan a resbalarse más fácilmente en los pasillos de concreto, sobre todo cuando se dirigen a la sala de ordeña o se levantan a comer o beber agua. Por lo mismo, están más expuestas a sufrir un trauma que puede llegar a ser irreparable, especialmente si se trata de una fractura, luxación o ruptura de ligamentos de articulaciones importantes.

Sin embargo, animales de primera lactancia también son más susceptibles de desarrollar cuadros de vacas caídas, producto que son más nerviosos. Además recién están adaptándose al grupo de producción y, por ende, son menos dóciles y pueden caerse o resbalarse con mayor facilidad cuando son manejados por seres humanos. Por esto se recomienda tener un grupo de primera lactancia por separado y así no lidiar con vacas de mayor edad, las cuales pueden estresar a través de la dominancia o “bullying” a las más jóvenes.

Otro factor del animal es su estado fisiológico-metabólico dentro de su ciclo productivo. Así, por ejemplo, al momento del parto las vacas recién paridas son más susceptibles a desarrollar fiebre de leche, enfermedad que más se asocia a la presencia de vacas caídas. De hecho, es una patología que en sí lleva a que la vaca permanezca echada por más tiempo y experimente ciertos grados de alteración de su conciencia y depresión manifiesta.

Por lo general, cualquier vaca caída al momento del parto debe ser tratada con algún producto de sales de calcio aplicado intravenosamente, ya que la fiebre de leche pasa a ser parte del diagnóstico diferencial de forma inmediata. Sin embargo, muchas veces la vaca puede permanecer echada después de un parto distócico, producto de que el mismo proceso de alumbramiento puede causar algún daño en los nervios obturadores, peroneal o ciático.

También se puede dar el caso de que se produzca una inflamación intrapélvica severa, sobre todo cuando al momento del parto el ternero tiene un gran tamaño y/o la vaca es pequeña o tiene una obesidad manifiesta. En este caso, el parto suele ser de mayor duración o puede ser intervenido con algún tipo de tracción forzada, lo que es un factor de riesgo importante para el desarrollo de las vacas caídas. Si esto ocurre, además de desarrollarse fiebre de leche, el cuadro clínico va a ser mucho más severo y, por ende, el pronóstico será mucho más reservado.

Las recomendaciones en este caso pasan por manejar adecuadamente la prevención de la fiebre de leche, utilizando de forma racional dietas aniónicas que acidifiquen el organismo y logren un pH urinario de entre 6,0 y 6,8. También debemos cuidar de secar vacas con una adecuada condición corporal (2,75 a 3,0) y así evitar la obesidad. En el caso de las vaquillas, debemos cuidar de encastarlas con un peso y estatura adecuada. Así evitaremos vacas pequeñas al momento del parto. También se debe llevar a cabo un manejo alimentario con ganancias de peso moderadas (0,75 a 0,80 kg/dia) hasta el momento del parto, con lo que se evitará la obesidad de las vaquillas. Finalmente, se debe considerar seleccionar toros para vaquillas con facilidad de parto y/o eventualmente considerar el uso de semen sexado, el cual ofrece una cría de menor tamaño y peso en relación a una cría macho.

En el caso de las vacas de pastoreo, pero también en aquellas de confinamiento, se debe evitar el desarrollo de hipomagnesemia, debido a que en esquemas de media lactancia también puede provocar cuadros de fiebre de leche. Esto se relaciona con que la falta de magnesio afecta los receptores para la PTH, que es la hormona que controla los niveles de calcio en la sangre de los animales.

Al momento del secado, lo más recomendable es llevar una adecuada terapia antibiótica de larga acción (terapia de secado) que permita evitar nuevas infecciones de la glándula mamaria. Esto se debe a que, al momento del parto, las vacas recién paridas pueden desarrollar cuadros clínicos de mastitis severas que determinan infecciones generalizadas o septicemias, que a su vez inducen a que permanezcan echada por más tiempo. Estos cuadros de mastitis se pueden ver agravados por hipocalcemia o fiebre de leche. También se debe ser cauto en evitar el desarrollo de cuadros de acidosis subaguda, promoviendo una transición desde el preparto al parto con cantidades graduales de almidón. Lo ideal es pasar de un porcentaje al secado de 12% a 14%, con un nivel de 16% a 19% en el preparto, a un nivel de 21% a 23% en el posparto temprano y terminar con un máximo de 24% a 26% en el peak de lactancia. De no ser así, se pueden inducir cuadros de acidosis ruminal y luego cuadros de laminitis subclínica y clínica (abscesos plantares, ulceras plantares), lo que a su vez provocará cojeras que pueden agravar episodios de hipocalcemia o inducir lesiones podales severas. Todo esto derivará a tener un cuadro de vacas caídas.

Durante la transición también se debe estimular al máximo el sistema inmune, ya que la vaca periparto “per se” se caracteriza por presentar un sistema inmune más deprimido. De este modo, son animales más propensos a desarrollar mastitis clínicas y metritis puerperales, las que pueden cursar con septicemias y, por ende, agravar cuadros de vacas caídas. En ese contexto, se recomienda aportar mayores cantidades de vitamina E (entre 1500 y 2000 UI por vaca al día) y selenio (0,35 a 0,4 ppm). Junto con esto, se recomienda aportar dietas que permitan reducir el estrés oxidativo, para lo cual se pueden usar ácidos grasos omega-3, vitaminas del complejo B, colina, vitaminas A y D y donadores de grupos metilos como la metionina.

Finalmente, a la hora de seleccionar toros para inseminación artificial, se deben considerar sus características mejoradoras, sobre todo en lo que se refiere a las ubres, patas, pezuñas, tamaño y tipo de la vaca. La idea es poder enfrentar de mejor forma la salud mamaria y podal y tener un animal metabólicamente más eficiente y rentable.

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