LOS SECRETOS DE UNA BUENA TRANSICIÓN EN LA VACA DE LECHE

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UNA BUENA TRANSICIÓN EN LA VACA DE LECHE

El profesor de la Universidad de Illinois Fabio Lima analiza cómo se produce la movilización de las reservas de grasa durante el inicio de la lactación, cuál es el papel de la nutrición en este periodo y cómo se puede optimizar la salud y la producción mediante la suplementación de colina con protección rumial

Una buena salud animal es la piedra angular para lograr una ganadería rentable y sostenible. La fase de transición, establecida como el periodo que va desde las tres semanas anteriores al parto a las tres semanas posteriores, es una de las más importantes, ya que van a ser determinantes en el rendimento durante la nueva lactación.

«Es importante optimizar la salud de la vaca durante esta fase de transición porque es su periodo más crítico», asegura Fabio Lima, profesor del Departamento de Medicamento Clínico Veterinario de la Universidad de Illinois, en los EEUU, y que participó en octubre en las jornadas sobre nutrición animal organizadas por Kemin en Vilalba.
Al inicio de la lactación, las vacas lecheras transitan por una fase que se caracteriza por un balance negativo de energía. La razón de este desajuste es que la salida de energía para la producción de leche supera la que el animal pudiera recuperar con la ingesta de alimento.
Al inicio de la lactación se da un balance negativo de energía, ya que las necesidades para la producción de leche no son cubiertas mediante la ingesta de alimento, teniendo que echar mano de las reservas de grasa corporal, lo que compromete la salud hepática de la vaca
En esta fase de transición del periodo seco a la producción normalizada de leche la salud hepática de la vaca se ve comprometida. Las vacas están sujetas hoy por hoy a un incremento en la movilización de las reservas de grasa corporal, con la que se relaciona la presencia de cetosis.

A esta grasa corporal se le llama también tejido adiposo, donde la grasa está presente en forma de triglicéridos. Estos triglicéridos son liberados del tejido adiposo hacia la sangre en la forma de ácidos grasos libres (NEFAs) para alcanzar el hígado, donde pueden ser oxidados y obtener energía (resultando altos niveles de cetonas) o bien nuevamente movilizados en la forma de VLDL (lipoproteínas de muy baja densidad).

«Hasta 5 semanas después del parto la vaca moviliza 54 kilos de grasa y 21 de proteína que van al hígado para obtener mayor cantidad de energía y mantener de este modo el pico de leche»

Con todo, la tasa de absorción de grasa por el hígado puede ser mayor que la oxidación o que su movilización, produciéndose así el síndrome del hígado graso. Resultados de investigaciones llevadas a cabo en el año 2004 demuestran que entre el 50 y el 60% de las vacas experimentan en un momento crítico posterior al parto hígado graso.

La absorción diaria de ácidos grasos en el hígado aumenta 13 veces en el momento del parto, pasando de 100 gramos a 1.300 gramos por día. Durante el pico de concentración de ácidos grasos libres (NEFAs) en el torrente sanguíneo como consecuencia de la liberación de los triglicéridos acumulados en el tejido adiposo se depositan aproximadamente 600 gramos de grasa en 24 horas, lo que se corresponde con un incremento de entre el 6 y el 7% en peso de grasa hepática. «Hasta 5 semanas después del parto la vaca moviliza 54 kilos de grasa y 21 de proteína que van al hígado para obtener mayor cantidad de energía y mantener de este modo el pico de leche», explica Fabio.

Trastornos metabólicos en el periodo de transición: cetosis e hígado graso Las reservas corporales en forma de grasa son movilizadas para atender las necesidades de energía, pudiendo derivar en enfermedades como el hígado graso y la cetosis. La cetosis es un desorden de tipo metabólico que se caracteriza por elevadas concentraciones de cuerpos cetónicos en la sangre, la orina y la leche. La enfermedad ocurre principalmente en la lactación tempranera, cuando las reservas corporales son utilizadas para mantener la lactación.

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