MANEJO REPRODUCTIVO DEL GANADO BOVINO EN SISTEMAS EXTENSIVOS

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Manejo vacuno en sistemas extensivos sin mejoras

En los sistemas extensivos de bovino a gran escala, como ocurre en buena parte de los países de América Latina, los animales se crían mayoritariamente en pastizales naturales y tienen baja eficiencia productiva. Su mejora requiere la aplicación de tecnología conocida y disponible.

Ricardo Alberio Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Argentina) Imágenes cedidas por el autor

En las regiones más ricas de estos sistemas extensivos, frecuentemente la ganadería compite con la agricultura y, a pesar que ésta es de mayor rentabilidad, la cría constituye el complemento necesario para que el sistema sea sostenible. Sin embargo, es necesario un manejo reproductivo adecuado para desarrollar la potencia de producción de este tipo de sistemas.

Manejo vacuno en sistemas extensivos sin mejoras

Por sus limitantes ambientales, la cría extensiva del ganado vacuno ha sido durante muchos años la actividad agropecuaria a la que se han incorporado menos insumos tecnológicos. Se desarrolla particularmente en regiones con limitantes hídricas importantes, ya sea por déficits o por excesos que, sumadas a suelos de calidad pobre o regular, se traduce en productividades forrajeras muy bajas. Esto implica una baja utilización de la tierra, con cargas ganaderas de 0,5 a 0,1 animales/ha. Como consecuencia, se suele tener al ganado en grandes extensiones (de 100, en el mejor de las casos, a las 1.000 o más hectáreas). La existencia de campos con bosques o lagunas, así como la presencia de predadores agravan la situación. La vigilancia y el manejo que se ejercen sobre estas ganaderías son extremadamente limitados (a veces sólo una o dos veces al año), por lo que se controlan muy pocos de los eventos que allí transcurren. La productividad (en terneros obtenidos) suele ser del orden del 40 al 50% de las vacas presentes en el rebaño, debido a limitantes nutricionales y sanitarias, que afectan particularmente a la reproducción. La mortalidad perinatal de los terneros y las pérdidas por predadores hace que esta cifra baje al 40%. En estos sistemas no existe un manejo reproductivo definido y el toro está presente gran parte del año con las vacas. Este manejo no es compatible con los sistemas económicos actuales, por lo que en los últimos 50 años se han comenzado a aplicar estrategias tendientes a corregirlo.

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» Grupo 1: vacas paridas en los primeros 25 días en su primera paricción. Grupo 2: vacas paridas entre 26 y 90 días en su primera paricción.

Estrategias para la mejora de los sistemas extensivos

La primera decisión estratégica a tomar para aumentar la productividad es la reducción del tamaño de las parcelas. Esto permitirá:
• mejor aprovechamiento del escaso recurso forrajero,
• mejor acceso a los animales y su mejor supervisión,

• realización de controles sanitarios y de prevención y
• un manejo reproductivo que contribuya a aumentar la cantidad y el peso de los terneros obtenidos.
La disminución del tamaño de las parcelas es muy costoso con alambrados fijos, particularmente en explotaciones de grandes dimensiones (1.000 a 10.000 ha).

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Una herramienta fundamental para su resolución ha sido el uso de alambrados eléctricos, que ha permitido realizar divisiones con menores costes que los fijos, con la ventaja de que dichos alambrados pueden modificarse según las necesidades. El uso adecuado de dicha herramienta permite un aumento significativo de la carga animal por hectárea y de la mejora del estado nutricional del ganado mediante la utilización racional del forraje. El mal aprovechamiento del forraje es característico de los sistemas pastoriles, por lo que su mejora es fundamental para la productividad del sistema.
Otro elemento indispensable es el control del estatus sanitario del rebaño. En los países exportadores se han llegado a clasificar a las enfermedades en aquéllas que afectan a dichas exportaciones. Finalmente, es necesario mejorar la tasa de gestación de las hembras que están en la base del sistema.

Sanidad general y enfermedades de la reproducción

Las vacas permanecen todo el año en pastoreo y paren natural y directamente sobre la parcela sin asistencia alguna, concentrándose naturalmente en primavera. En primavera se dispone de pastizales de abundante cantidad y calidad, lo que permite recuperar el peso y la condición corporal perdidos durante el invierno y facilita el reinicio temprano de actividad ovárica y estral posparto. La monta con toros se realiza durante primavera e inicio del verano durante seis meses o más. No obstante se observan, en muchos casos, periodos de monta de tres o cuatro meses, consecuencia no sólo de un buen manejo nutricional, sino de una rigurosa planificación sanitaria.

La vigilancia y el manejo del ganado se complica en extensiones muy grandes, con árboles o lagunas.

Brucelosis, leptospirosis y tuberculosis, sin ser enfermedades venéreas, tienen un gran impacto en el éxito reproductivo. Las dos primeras producen abortos y, la tercera, pérdida de la condición corporal que afecta a la gestación. Suelen ser endémicas en la mayoría de los sistemas extensivos y presentan el agravante de que

son zoonosis. Desde el punto de vista de la sanidad reproductiva, el control de estas enfermedades es fundamental, lo que actualmente se puede lograr gracias a la mejora de su diagnóstico y prevención. En nuestro país los programas de control de estas enfermedades, primero con la implementación de rutina de los métodos diagnósticos y, posteriormente, con el uso de vacunas (obligatorias en muchos casos) ha significado una disminución generalizada de su prevalencia e incidencia. En Argentina, se debe vacunar contra brucelosis obligatoriamente a todas las hembras bovinas entre los tres a ocho meses de edad con vacuna Cepa 19.

El control de las enfermedades venéreas, tricomoniasis y campylobacteriosis, es el siguiente paso, ya que producen cuantiosas pérdidas en los rebaños. La población bovina estimada para la Pampa húmeda de la Argentina es de 15 millones de hembras y el promedio de destete es del 65 %, que representa aproximadamente unos 10 millones de terneros al año. Estas enfermedades causan la pérdida de entre uno y dos millones de terneros. La aplicación de medidas de diagnóstico y prevención ha permitido también reducir significativamente la prevalencia de ambas enfermedades.

El análisis de las muestras prepuciales de los toros constituye la herramienta más adecuada para su diagnóstico (cultivo para la tricomoniasis y prueba de inmunofluorescencia para la campylobacteriosis). Las secreciones genitales de las hembras pueden ser utilizadas también para dicho fin. Actualmente, la persistencia de la prevalencia de ambas enfermedades es del 10 al 20% de los rebaños y un 2 al 3% de toros afectados (hace 20 años estos valores eran del 38-55% y del 5-32%, respectivamente).

Es conveniente la vacunación anual contra campylobacteriosis mediante dos dosis, aplicadas con un mes de intervalo, administrando la última dosis unas tres semanas preservicio. Sin embargo, la inmunidad que se genera es relativa, por lo que la eliminación de los toros positivos o el tratamiento con antibiótico siguen siendo fundamentales para su control. Por el contrario, son necesarios más trabajos para establecer el efecto de las vacunas contra la tricomoniasis.

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