TIPO DE SUELOS EN LAS INSTALACIONES DE VACUNO LECHERO

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TIPO DE SUELOS EN LAS INSTALACIONES DE VACUNO LECHERO

Resumen

El ganado lechero en régimen intensivo pasa la mayor parte del tiempo bajo techo, por lo que el diseño del alojamiento puede afectar considerablemente a su salud y a su comportamiento.

Antonio Callejo Ramos. Dr. Ingeniero Agrónomo. Dpto. de Producción Animal-EUIT Agrícola-UPM

La mayor parte de la investigación en cow confort se ha centrado en el diseño de los cubículos, pero en este tipo de instalaciones la superficie del suelo fuera de las zonas de descanso (pasillos, caminos, salas de espera) tiene también una gran importancia. La superficie de hormigón con que se recubre habitualmente el suelo de las naves se ha asociado con una mayor incidencia de cojeras y de problemas podales.

Debido a ello, desde hace algunos años se vienen proponiendo y comercializando otras alternativas al hormigón, aunque éste tenga que constituir la base del suelo. Nos referimos a los suelos de goma o de caucho, cuyos materiales, diseños y características han ido evolucionando durante estos aos, hasta convertirse hoy día en una alternativa a tener en cuenta.

1. Introducción

La producción lechera actual se ha decantado por la utilización de vacas de alto potencial genético y, por ello, de muy alta producción de leche. Ello exige ́satisfacer unos altos requerimientos nutricionales, sanitarios y de manejo para que puedan expresar todo su potencial productivo.

Paralelamente, el incremento del precio de las materias primas alimenticias junto con el fluctuante precio de la leche (ninguno de ellos controlable por el ganadero) hace que el beneficio por litro de leche sea cada vez más bajo y que la principal manera de rentabilizar la explotación sea produciendo grandes volúmenes de leche. Por ello y para ello se requieren granjas de un tamaño cada vez mayor, con mayor número de vacas y de alta producción. Con la expansión de los rebaños y la escasez y carestía de la mano de obra se ha ido abandonando los sistemas basados en el aprovechamiento directo del pasto y confinando a las vacas en instalaciones cubiertas y con una menor disponibilidad de espacio. Estas instalaciones, si están bien diseñadas, ofrecen considerables ventajas como la de proporcionar protección ante las inclemencias meteorológicas, la posibilidad de refrigerarlas en épocas de calor, mayor facilidad para acceder al alimento sólido y al agua y un lugar confortable donde tumbarse y descansar.

En el lado de los inconvenientes, las vacas se ven obligadas a permanecer de pie y a caminar sobre una superficie dura, habiéndose generalizado el uso del hormigón por ser resistente, duradero, económico y de fácil instalación. Sin embargo, no proporciona el confort y seguridad que las vacas requieren. Si tenemos en cuenta que las vacas pueden permanecer de pie entre 10 y 12 horas diarias (o más si el lugar de reposo no les resulta cómodo), es lógico que las cojeras y los problemas de pezuñas supongan una de las principales causas por la que las vacas son eliminadas de un rebaño o que los resbalones sean una frecuente causa de accidentes y lesiones en estos animales. Un estudio publicado en 1996 en Estados Unidos por el Sistema Nacional de Monitorización de la Salud Animal indicaba que el 15% de las vacas lecheras eliminadas en ese país lo eran por un efecto directo de las cojeras. Esta cifra puede parecer razonable hasta que se consideran los efectos indirectos de las cojeras sobre la producción y la reproducción, cifrados en un 49,1% adicional de las vacas eliminadas en los rebaños norteamericanos. Aunque los datos son de casi 20 años atrás, es indudable que el impacto de las cojeras sobre la tasa de eliminación de las vacas no ha mejorado mucho desde entonces.

Parece recomendable, por tanto, conseguir una superficie con tracción y antideslizante, que favorezca la movilidad de las vacas dentro del establo que les invite a ir a comer con confianza y seguridad. Si la vaca no se siente segura y cómoda, no se moverá, lo que supone un comportamiento anormal. Este fenómeno es aún más acusado en las vacas que tienen problemas podales.

Finalmente, destaquemos que muchas granjas alivian sus problemas de cojeras permitiendo a las vacas salir a corrales exteriores de tierra o hierba en las épocas en que estos corrales permanecen secos (Figura 1). Obviamente, esta alternativa sólo es posible si se dispone de estas zonas exteriores.

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