USO DE INOCULANTES EN SILAJES DE MAÍZ: ¿CUÁLES SON LAS VENTAJAS?

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USO DE INOCULANTES EN SILAJES DE MAÍZ

En el silaje de maíz, chala o grano húmedo el ácido láctico es realmente muy importante para la acidificación rápida, bajando el pH más rápido.

En general, tres parámetros influyen en la calidad final del silaje, sean estos, en términos nutricionales o sea en factores fermentativos. Estos son: contenido de materia seca (MS), tenor de proteína cruda (PC) y niveles de carbohidratos o azúcares solubles en agua (CSA) del forraje. De esta manera, se puede notar que algunos forrajes tienen la posibilidad de adaptarse mejor a la cosecha y ensilaje, mientras otros deberán ser conservados en forma alternativa, heno, por ejemplo.

Dr. LUCAS MARI  MEDICO VETERINARIO, DOCTOR EN -CIENCIA ANIMAL Y PASTURAS-. GERENTE DE SOPORTE TECNICO PARA SUDAMERICA DE LALLEMAND ANIMAL NUTRITION.

Obviamente los tres factores no deben ser considerados aislados y son interdependientes. Por ejemplo, el tenor de MS tiene influencia directa en los otros dos factores y la inter-relación es importante en forrajes como los cereales, leguminosas, oleaginosas, gramíneas templadas y gramíneas tropicales.

Existe una fórmula para llegar a la capacidad fermentativa de un forraje. Esta fue desarrollada por Weissbach & Honig (1996) y lleva en consideración dos de los tres parámetros citados anteriormente, además del poder tampón (buffer):

Dónde:

CF = capacidad fermentativa;

MS = tenor de materia seca;

CSA = carbohidratos solubles en agua;

PTp = poder tampón.

Nótese que la capacidad fermentativa en el silo es función directa del contenido de materia seca y del nivel de carbohidratos solubles en agua, y función inversa del poder tampón del forraje. En otras palabras, mientras los tenores de MS y CSA ayudan el proceso de ensilaje, el poder buffer lo perjudica.

Es hecho que el maíz cosechado en el buen punto de ensilaje, conjuga buenos valores de los tres parámetros relacionados, así puede ser considerado el forraje estándar para el uso como silaje.

Ensilaje; proceso que depende de la acción de microorganismos

El proceso de ensilaje es, didácticamente, subdivido en cuatro fases de diferentes duraciones e intensidades, pero no pueden separarse con precisión y son más largas o más cortas dependiendo que tan bien se ha realizado el proceso de ensilaje. (McDonald et al., 1991). Las fases son: inicial, fermentativa principal, estable y el consumo.

El objetivo de la producción de silaje es minimizar la degradación biológica y conservar el mayor porcentaje de nutrientes digestibles del forraje original. Pero este no es el objetivo final, ya que pueden ocurrir pérdidas post-apertura y existen acciones que deben ser tomadas en cuenta para reducirlas. Las pérdidas después de la apertura son medidas indirectamente por medio del calentamiento de la masa y de la variación del pH, por ejemplo. Silajes estables tienen aumentos de temperatura mínimos después de la apertura. Se considera que, el silaje es inestable cuando llega como máximo a superar en dos grados Celsius la temperatura ambiental.

Las fases del ensilaje son más cortas o más largas dependiendo de los parámetros citados anteriormente, pero también dependen de la población de bacterias presentes en la planta (epifita) y de la población adicionada al forraje por medio de los inoculantes bacterianos.

Solo es posible controlar la población epifita de microorganismos presentes inicialmente en el forraje picado si adicionamos un inoculante para direccionar una buena fermentación, de manera tal, que, obtengamos un mayor número de bacterias deseables (BAL – bacterias productoras de ácido láctico), en detrimento de microorganismos que puedan llevar a fermentaciones indeseables (Clostridium, Listeria, entero bacterias, levaduras) y, como consecuencia, pérdidas fermentativas y de valor nutritivo del silaje.

En el silaje de maíz chala o grano húmedo el ácido láctico es realmente muy importante para la acidificación rápida, bajando el pH más rápido. Después de abrir el silo se genera otra fase del proceso, y esta trae un desafío adicional al material ensilado.

El ácido láctico, solo. no logra inhibir el crecimiento de levaduras, siendo estas las responsables de la primera línea de deterioro. Las levaduras consumen ácido láctico, así como los carbohidratos presentes y, con esto, aumentan el pH del silaje. Al consumirse estos sustratos, se produce CO2, agua y calor. Concomitantemente, el pH más alto abre camino para acción de otros microrganismos que ayudan a aumentar el deterioro aeróbico, formando un ciclo vicioso. Este desencadenamiento fue llamado por Kung (2005) el “efecto domino” de las levaduras. Así debe considerarse el monitoreo de la temperatura del silaje a lo largo de la exposición aeróbica. Un silaje caliente es la respuesta del consumo de nutrientes por microorganismos deterioradores.

Otros ácidos, producidos por bacterias heterolácticas (o bacterias heterofermentativas), tales como Lactobacillus buchneri, tienen poder anti fúngico. Las cepas heterofermentativas logran convertir parte del ácido láctico en ácidos acético y propiónico, reconocidamente inhibidores del crecimiento de hongos y levaduras.

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