CONSERVACIÓN DE FORRAJES

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CONSERVACIÓN DE FORRAJES

La Conservación de Forraje, es muy importante para suplir las necesidades de forraje, durante períodos en que es escasa la alimentación de los animales en cantidad y calidad.

Juan Carlos Dumont L., 1N1A Remehue

Su realización debe ser muy bien analizada, ya que además de tener altos costos en su elaboración, incide en la superficie aprovechable, ya que reduce el área de las praderas que se podrían consumir directamente por las vacas y ser trasformadas en leche en una manera más económica.

En este capítulo, se describen los factores a considerar para el éxito de la conservación de forrajes.

1. HENO

El heno, fardo o pasto seco, normalmente tiene una calidad muy inferior al ensilaje (Figura 1). Esto se debe a que el heno se cosecha en momentos en que la pradera se encuentra espigada, con bajos contenidos de nutrientes y muy fibrosa. No se puede adelantar la labor de cosecha para conseguir un pasto más tierno ya que por lo general, las condiciones climáticas no lo permiten.

Por esta razón, el heno no se recomienda como ración base de alimentación de vacas en producción y se utiliza sólo como parte de la suplementación.

2. ENSILAJES

La labor de ensilaje se puede realizar durante climas inestables lo que permite cosechar  la pradera en un estado más tierno y con mayor calidad. 

Para conseguir un buen ensilaje se debe poner atención en los siguientes aspectos:

  • Ensilar forrajes de alta calidad, con un mínimo de tallos, y máximo de hojas.
  • Ensilar con la mayor rapidez posible.
  • Eliminar todo el aire del forraje ensilado mediante una buena compactación.

• Realizar un cuidadoso sellado del silo.

2.1 Pastos o forrajes de calidad

Una buena calidad se obtiene ensilando pastos con muchas hojas, con rezagos cortos no superior a 45 días. Como se observa en Figura 2, ya a partir del estado de bota, es decir, cuando aún no se ve la espiga, la calidad del forraje declina en forma continua.

Para lograr una alta proporción de hojas, se requiere de buena fertilidad del suelo ya que la pradera tiende a espigar rápidamente cuando le faltan nutrientes. El uso de nitrógeno en dosis de 40 a 50 unidades y una buena humedad en el suelo, es fundamental al comienzo del rezago.

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