CONVIVIENDO CON “SARA”

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“SARA” ACIDOSIS  RUMINAL SUBAGUDA

En este estudio se pone el foco en el beneficio del empleo de los azúcares como complemento a niveles medios de almidón en las raciones, con el objetivo de diseñar dietas más seguras que reduzcan el riesgo de aparición de la acidosis ruminal subaguda (SARA).

Adrián González Garrido Consultor nutricionista en vacuno lechero

La acidosis ruminal subaguda (SARA) es una enfermedad sistémica de origen digestivo que sigue estando de máxima actualidad. Sobre SARA se hacen cada vez más estudios para avanzar en el conocimiento de su fisiopatología y concretar las repercusiones que tiene sobre la salud de los animales, la economía de las granjas lecheras y sus implicaciones sobre la salud humana. Aun siendo una enfermedad conocida desde hace muchos años, es tal vez una de las más difíciles de diagnosticar, puesto que a nivel de campo solo podemos contar con el diagnóstico sintomático y hay muchas enfermedades que cursan con el mismo cuadro, haciendo muy complicado el diagnóstico diferencial. A pesar de ello, tanto a nivel ganadero como técnico, es la enfermedad más ampliamente diagnosticada cuando en una granja nos encontramos vacas con diarrea y bajo porcentaje graso en leche. Esto nos debe motivar a los nutricionistas a trabajar con raciones y establecer sistemas de manejo alimentario que aseguren la no incidencia de la enfermedad, por dos razones:

1. Para evitar las enormes pérdidas económicas que puede generar su presencia en las explotaciones lecheras.

2. Para que cuando haya alteraciones sintomáticas similares en las granjas podamos descartar rápidamente que se trata de SARA y no perder tiempo en un diagnóstico diferencial muy complejo.

La acidosis ruminal subaguda es la consecuencia de la alimentación con dietas altas en almidón. Los rumiantes están adaptados para ser alimentados con dietas forrajeras con alto contenido en fibra y la incorporación de productos concentrados ricos en almidón solo se justifica para cubrir la alta demanda de energía que requieren los rumiantes de alta producción. Sobrepasar el límite aceptable de su inclusión en las dietas es muy rentable a corto plazo, puesto que hay un evidente aumento de producción, pero, si es sostenido en el tiempo, a medio-largo plazo se pierde todo lo ganado al comprometerse la salud de los animales.

Es, además, como señala Garret R. Oetzel, un problema cada vez más importante de bienestar animal, puesto que una de las consecuencias de SARA es la laminitis o inflamación de la lámina coriónica de la pezuña, que genera un enorme dolor con cojera, uno de los síntomas más evidentes de falta de bienestar. Y no debemos olvidar que el bienestar animal, tan presente en los últimos años, tiene una doble lectura: asegurar la productividad de los animales (es evidente que animales más cómodos son más productivos) y asegurar la buena imagen del negocio lechero a la opinión pública (nuestros clientes), que son los consumidores del producto final, la leche de vaca y sus productos. Esto cada vez tiene más relevancia, solo hay que ver cómo las grandes industrias lecheras han desviado muchos recursos económicos y humanos a la certificación de las granjas.

ES LA ENFERMEDAD MÁS AMPLIAMENTE DIAGNOSTICADA CUANDO EN UNA GRANJA NOS ENCONTRAMOS VACAS CON DIARREA Y BAJO PORCENTAJE GRASO EN LECHE

En esta misma línea de argumentación, en el año 2001 Russell y Rychlik en la revista Science publicaron un artículo muy interesante sobre los factores que alteran el microbioma ruminal, analizando los diferentes grupos microbianos que conviven en el rumen y las condiciones ambientales que modulan el crecimiento de uno u otro tipo, pero lo que realmente me interesó es que señalaban que las desviaciones en la microflora ruminal como consecuencia de SARA disparan la presencia de E. coli enterohemorrágica (O157:H7) en el intestino de las vacas, una variedad muy patógena para las personas, que puede contaminar las canales durante su faenado en el matadero y puede ser ingerida por los consumidores de hamburguesas en EE. UU.

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