¿CUÁNTO DINERO PIERDO POR MAMITIS EN MI GRANJA? ¿CUÁNTO PODRÍA AHORRAR SI CONTROLO ESTA ENFERMEDAD?

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CUÁNTO PODRÍA AHORRAR SI CONTROLO ESTA ENFERMEDAD MASTITIS

 

INTRODUCCIÓN

Dado el impacto que tiene sobre la rentabilidad de la explotación, todo ganadero debería poder resolver estas dos importantes cuestiones. En este artículo se describe un método sencillo que resulta útil para estimar las pérdidas y para evaluar el retorno económico de las inversiones realizadas en prevención.

Iván Mato1, Daniel Zalduendo2, Paula Villoria2 1Servicio Técnico Rumiantes. Hipra España 2Unidad Rumiantes. Hipra

 La mamitis consiste en una reacción inflamatoria de la glándula mamaria, desarrollada generalmente como respuesta a una infección bacteriana. Se trata de una de las patologías mejor conocidas por veterinarios y ganaderos y, para muchos, es la de mayor importancia en cuanto a pérdidas económicas para el sector lechero.

CLASIFICACIÓN DE LOS CASOS DE MAMITIS

La entrada de un microorganismo potencialmente patógeno a través del canal del pezón supone el inicio del proceso. A partir de este momento, las características propias del patógeno (factores de virulencia y resistencia) y la capacidad inmunológica de la vaca determinarán la forma en la que se presenta la enfermedad.
En el animal individual podemos clasificar las mamitis en dos amplias categorías (tabla 1).

Mamitis clínica

Estamos ante un cuadro de mamitis clínica cuando en la exploración del animal encontramos signos visibles típicos de este proceso:

A. Alteración de la leche producida (formación de coágulos, cambios en el color o en la textura, o presencia de sangre).

B. Inflamación visible de la glándula mamaria, que generalmente afecta a uno de los cuatro cuartos, el cual presenta aumento de tamaño y consistencia (hinchazón), calor y, en ocasiones, dolor a la palpación o al ordeño.

C. Afectación del estado general de la vaca. Se observa apatía, ausencia de apetito, fiebre, deshidratación y, en los casos más severos, permanecerá tumbada, incapaz de po- nerse en pie.

Un caso que presenta únicamente alteración de la leche se define clínicamente como leve (A); cuando además existe hinchazón en la ubre se habla de mamitis clínica mode- rada (A+B) y, si se ve comprometido el estado de salud ge- neral del animal, se trata de una mamitis grave (A+B+C).

Mamitis subclínica

En muchas ocasiones, la reacción inflamatoria de la glándula no se manifiesta con cambios observables mediante la exploración rutinaria de la ubre, que se realiza de forma más o menos minuciosa en cada ordeño. Para detectar las mamitis subclínicas es preciso recurrir a pruebas complementarias, las más habituales son el Test de California

(CMT), la medición de la conductividad eléctrica de la leche (método instalado en muchos sistemas de ordeño) y el recuento individual de células somáticas.

Es frecuente que las mamitis subclínicas sean el resultado de la cronificación de casos clínicos, en los que se alcanzó una curación aparente, desapareciendo los signos visibles, pero no se logró eliminar la infección sino que esta se convirtió en persistente. El desarrollo de resistencias por parte de los gérmenes patógenos provoca que la eficacia de los tratamientos aplicados, con base en los distintos antibióticos indicados para la mamitis, se reduzca con el paso del tiempo y con su empleo continuado.

Estas mamitis que “no vemos” son, sin embargo, las responsables de cuantiosos costes económicos en muchas granjas. Las pérdidas se deben principalmente a la reducción en la producción que sufren las vacas con recuentos celulares elevados.

CLASIFICACIÓN SEGÚN EL ORIGEN DE LA INFECCIÓN

Dependiendo del origen y del comportamiento epidemio- lógico del agente patógeno, las mamitis suelen clasificarse en contagiosas y ambientales. Algunas bacterias se trans- miten siempre de vaca a vaca, se trata de gérmenes adapta- dos a vivir en la glándula o en la piel de la ubre, los ejem- plos más claros de estas mamitis contagiosas son las causa- das por Staphylococcus aureus o Streptococcus agalactiae. Por el contrario, en el caso de Streptococcus uberis, Escherichia coli y otros coliformes, la infección procede del alojamiento del animal, sobre todo de la cama, por lo que se trata de mamitis típicamente ambientales. Existen también algu- nas cepas de estos gérmenes que, teniendo la capacidad de multiplicarse en el medio, pueden pasar de un animal in- fectado a otro sano, clasificándose como patógenos mixtos.

El gráfico 1 refleja la frecuencia con la que se aislaron los distintos agentes patógenos en las muestras recibidas por el Laboratorio Interprofesional Gallego de Análisis de la Leche (Ligal) en el periodo 2005-2011.

Cuando abordamos un problema de mamitis en el reba- ño, podemos realizar una primera aproximación al origen de este; analizando la información disponible, decidiremos a cuál de los dos patrones generales se ajusta más:

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