OBSERVANDO EL COMPORTAMIENTO BOVINO PARA LOGRAR UNA REPRODUCCIÓN EFICIENTE

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LOGRAR UNA REPRODUCCIÓN EFICIENTE

RESUMEN

Durante muchos años se consideró que el signo de celo más característico en la hembra bovina es la aceptación de la monta que ocurre cuando el animal permanece “quieto al ser montado”. Sin embargo parecería que la expresión de esta conducta ha disminuido en los últimos años o no todos los animales lo manifiestan.

Ana C. Strappin

continuación se presentan los resultados de un estudio recientemente realizado en el sur de Chile donde se determinó la relación de los signos primarios (aceptación y pasividad a la monta) y secundarios (flehmen, cajoling, olfateo de vulva de otra hembra, apoya quijada en grupa de otro animal, monta por la cabeza, monta o intenta montar y es montada ) de la expresión del celo con el nivel de progesterona plasmática y el estado ovárico del animal durante los primeros cincuenta días posparto en vacas primíparas mantenidas en un sistema a pastoreo. Los celos fueron confirmados como verdaderos cuando el nivel plasmático de progesterona era ≤1ng/ml. Los resultados de dicho estudio muestran que sólo el 22 % de los animales determinados como “en celo” presentaron el signo primario de “aceptación a la monta”. Se logró identificar por observación visual vacas primíparas en celo considerando sólo los signos secundarios, siendo olfateo de vulva (54%) y apoya quijada (21%) los signos más frecuentes expresados por estos animales. Se encontró una asociación estadísticamente significativa (P <0,05) entre la intensidad del celo con el nivel de P4 plasmática, la totalidad de vacas que presentaron el signo primario de aceptación de monta tenían niveles por debajo de 1 ng/ml de progesterona en sangre, confirmando que se trataba de celos verdaderos. Se presentan evidencias de que es posible identificar vacas en celo considerando sólo los signos secundarios, sin embargo el número de falsos positivos es elevado y el registro de estos signos debe ser empleado como método complementario.

INTRODUCCIÓN

Tradicionalmente la identificación de vacas lecheras en celo mantenidas en pastoreo se basa en la observación visual de la aceptación de monta. Esta conducta se manifiesta cuando una hembra bovina permite ser montada por un macho u otra hembra del rebaño y permanece quieta por unos segundos. Sin embargo, en los últimos años la ocurrencia de la aceptación de monta parecería haber declinado o su duración se ha acortado (Yoshida and Nakao; 2005; Lucy et al., 2007; Cutullic et al., 2009; Aungier et al., 2015) y sólo el 50% de las hembras de un rebaño lo manifiestan (Brehme et al., 2007). Por lo tanto para identificar animales en celo hoy en día necesitamos considerar otros signos, denominados “signos secundarios” (van Eerdenburg et al., 2002) y usar métodos complementarios. En el presente paper se describen dichos signos y se discute su precisión para ser usados como indicadores de hembras bovinas en celo bajo las condiciones del sur de Chile.

EL CELO EN LA HEMBRA BOVINA

El celo es el período de apareamiento de la hembra bovina, que ocurre en promedio cada 21 días, con una duración aproximada de 12 a 18 horas (Duchens y De los Reyes 2004). En este período las hembras muestran ciertos comportamientos los cuales son fundamentales para la detección del celo, el cual es uno de los componentes claves en el manejo de predios lecheros en lo que concierne a la fertilidad (Van Eerdenburg 2006). En los últimos años se ha reportado una disminución en la identificación de animales con signos de celo la cual podría atribuirse a dos razones, la primera estaría relacionada a una reducción en la fertilidad de los animales debida a un aumento en la producción de leche. Varios autores reportan una correlación negativa entre estos parámetros; es decir, a mayor producción, menor es la fertilidad (Inostroza y Sepúlveda 1999, Buttler 2000, Sepúlveda y col 2001). La segunda razón se debería a un cambio en la expresión de la conducta sexual de los animales, donde la presentación de los signos secundarios cumpliría un rol muy importante. Por lo cual la observación de signos denominados secundarios tales como el olfateo de la región ano-genital de otra hembra, el flehmen o el apoyo de quijada, durante la expresión del estro, adquiere cada día más importancia.

La disponibilidad de tiempo empleado para la detección de celo, como también el conocimiento adecuado de sus signos es de gran importancia, pero muchas veces es deficiente causando una baja en los índices de detección y pobre fertilidad (O’Farrell 1978, Reimers y col 1985, Opsomer y col 1996, Webster y col 1997), lo que se traduce en un gran impacto económico para productores bovinos por prolongados lapso interparto, gastos excesivos en vaquillas de reemplazo, inseminaciones fallidas y baja tasa de mejoramiento genético entre otros (Dijkhuizen y col 1991, Lehrer y col 1992, Senger 1994).

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